La mujer y sus emociones
Lección 9 “la preocupación”

“La preocupación es como una maraña de gruesos hilos que ejercen presión sobre nuestra mente nos ata como con un cordón entretejido de tres hebras las penas del pasado, las angustias de hoy y las preocupaciones de mañana. Trágicamente, el efecto de la preocupación ahoga el gozo, interfiere con nuestra paz, y coarta la libertad. Sin embargo, ¡podemos vencer a esa asfixiante enemiga!”
I. DEFINICIONES
A. Qué es la preocupación?
• La palabra que en español se traduce como afán en el Nuevo Testamento es la palabra griega merimnao, que significa “estar ansioso, estar distraído” o “tener una mente dividida” (merizo, “dividir”—nous, “la mente”).
—La preocupación es dividir la mente entre lo que vale la pena y es útil y lo que es dañino y destructivo.2
—Preocuparse es detener el flujo natural de nuestra energía creativa.
“¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” (Mateo 6:27)
• El concepto de preocupación se expresa de diferentes maneras en las Escrituras:
Ser impaciente No tener paz
Estar ansioso Estar distraído
Estar preocupado Estar lleno de problemas
Estar lleno de cargas Estar angustiado
Tener el corazón cargado Estar desesperado
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos”. (Salmo 139:23)
B. ¿De dónde viene la preocupación?
La preocupación no es una debilidad heredada (“Mi mamá se preocupaba mucho”), ni es un hábito gracioso (“¡Así soy, preocupón!”), o una excusa para justificar el perfeccionismo vanidoso (“Alguien tiene que preocuparse para que las cosas salgan bien”). Tampoco es una respuesta aceptable cuando hemos sido víctimas de algo o de alguien. La preocupación es un pecado declarado que desagrada a Dios. La preocupación: MUESTRA FALTA DE FE
La preocupación pone de manifiesto que realmente no le creemos a Dios que nos dice que él proveerá lo que necesitamos para satisfacer todas nuestras necesidades.
“Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan”. (Isaías 58:11)
ES UNA DESOBEDIENCIA ABIERTA
La preocupación pone de manifiesto que nos estamos atribuyendo la responsabilidad y la carga de buscar aquello que Dios ya ha prometido darnos. “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?” (Mateo 6:25-31)
ES DESTRUCTIVA
La preocupación destruye nuestro cuerpo, que es el templo del Espíritu Santo. Puede acarrear enfermedades físicas, tales como hipertensión, problemas cardiovasculares, dolor de cabeza, resfriados, úlceras y padecimientos estomacales.
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. (1Corintios 6:19-20)
DESHONRA A DIOS
La preocupación manifiesta nuestra inseguridad e incapacidad humana que desconfía de la omnipotencia de Cristo. Definitivamente, la preocupación puede destruir nuestro testimonio cristiano, haciendo que Dios parezca como un Dios incapaz, indigno de ser alabado.
“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. (Mateo 5:16)
PUESTO QUE DIOS DICE CLARAMENTE: “NO OS AFANÉIS”, SU DESEO ES QUE NO NOS PREOCUPEMOS.
C. ¿En qué se enfoca la preocupación?
Una de las características específicas de la preocupación es el enfoque negativo hacia el futuro. Cuando nos preocupamos demasiado, desperdiciamos el tiempo especulando lo que puede o no llegar a suceder y encima de esto, esperamos y tememos lo peor.
• “¿Qué sucederá si pierdo mi trabajo?”
• “Ya soy demasiado viejo para conseguir otro empleo”.
• “No podría pagar mis deudas sin este trabajo”.
• “A mi edad, no sería justo perder mi empleo”.
• “¿Qué pasará si no encuentro trabajo?”
“No os afanéis, pues, diciendo:
¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?” (Mateo 6:31)
D. La otra cara de la moneda de la preocupación
Existe una línea muy delgada entre la preocupación destructiva y la preocupación constructiva. Es posible que tratemos de defender nuestra tendencia a preocuparnos argumentando que es un comportamiento saludable. Sin embargo, debemos ser honestos y analizarnos con más cuidado para conocer nuestro corazón y motivaciones.

“He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”. (Salmo 51:6)
PREOCUPACIÓN CONSTRUCTIVA PREOCUPACIÓN DESTRUCTIVA
• Paraliza • Motiva
• Disminuye la creatividad • Aumenta la creatividad
• Apaga la iniciativa • Promueve la iniciativa
• Produce impaciencia y ansiedad • Produce el análisis calmado de las cosas
• Pretende controlar el • Pretende mejorar el futuro
• Teme lo peor • Espera lo mejor
• Se muestra negativo • Se muestra positivo hacia con otros
• Aleja la mente de lo • Dirige la mente hacia lo importante
“Me preocupa tanto que mi hijo no sabe nadar” “Estoy preocupado porque mi hijo se ahogue, así que jamás , permitiré que se acerque al agua”.
“En quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”. (Colosenses 3:2)
E. Ejemplo bíblico de la preocupación
Tanto María como Marta, amaban a su amigo Jesús. Sin embargo, expresaron su amor de manera diferente. Cuando Jesús visitó su hogar, María se sentó a sus pies con gran devoción, deleitándose en el banquete de cada palabra que él decía, mientras que Marta se dispuso con diligencia a preparar los alimentos de un gran banquete para su Señor. Afanada por innumerables detalles, Marta, que se sentía la mártir, pidió a Jesús que reprendiera a María y le ordenara que se acomidiera. Jesús miró a María y la vio tranquila y dispuesta a aprender de él, y a Marta, preocupada y molesta. Marta se dejó atrapar por su propia red del afán. Jesús, en vez de condenarla, dio la solución para todas las Martas del mundo que se dejan engañar por los afanes.
“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.
(Lucas 10:38-42)
LA LIBERTAD NO ESTÁ EN ANGUSTIARNOS POR LO TEMPORAL, SINO EN CONCENTRARNOS EN LO ETERNO.
II. SÍNTOMAS
La preocupación es como un ladrón que entra de noche a robarnos la paz espiritual. Dios no desea que vivamos preocupados por el futuro ni que dejemos que nuestras emociones sean presas del temor. Si a usted lo consume la preocupación, seguramente está pasando por alguno de los siguientes síntomas físicos y emocionales que le roban la posibilidad de madurar espiritualmente.
“El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa”. (Mateo 13:22)
¿Está usted atrapado por la RED DE LA PREOCUPACIÓN?
“El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado”. (Proverbios 29:25)
• ¿Tiene temor de lo que otros piensen de usted?
• ¿Se siente abrumado por el futuro?
• ¿Se siente desmayar cuando escucha malas noticias?
• ¿Siente temor cuando alguna persona injusta tiene éxito?
• ¿Experimenta ansiedad a causa de relaciones no resueltas?
• ¿Le aterroriza la muerte?
• ¿Está deseando ávidamente huir de sus problemas?
• ¿Tiene dificultad para dormir?
• ¿Está perdiendo el apetito?
• ¿Siente ansiedad por no poder cubrir sus necesidades básicas?
III. CAUSAS DEL AFÁN Y LA ANSIEDAD
A. ¿Por qué se preocupa?
El objeto de la preocupación no es tan importante como la causa de que nos preocupemos. Puede ser que conozcamos y amemos a Dios, pero nuestra preocupación persistente demuestra falta de confianza en él. Cuando confiamos en cualquier otra cosa que no sean las promesas y provisión de Dios para nuestra vida, la preocupación hará que nos alejemos del Señor y que nuestra confianza se convierta en desconfianza.
“Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre,
y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová”.
(Jeremías 17:5)
LA DESCONFIANZA DENOTA... UNA TEOLOGÍA DISTORSIONADA
Confiamos en que Dios nos salva, pero no creemos que satisfará nuestras necesidades cotidianas.
“¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:9-11)
LA ILUSIÓN DE QUE TENEMOS EL CONTROL DE LAS COSAS
Creemos ilusamente que si ordenamos mentalmente los eventos futuros podremos controlar sus resultados.
“¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.
Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”. (Santiago 4:13-17)
EL SÍNDROME DE LA RESPONSABILIDAD EXAGERADA
Tener un sentido exagerado de responsabilidad pretendiendo que todas las áreas de nuestra vida sean perfectas.
“No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”. (Filipenses 4:11-12)
UNA FALSA CULPABILIDAD
En lugar de resolver el pecado que hay en nuestra vida, permitimos que la culpa falsa se manifieste como preocupación en otras áreas.
“Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado”. (Salmo 32:3-5)
EMOCIONES DESCONTROLADAS
Dejamos que el temor nos controle por completo cuando enfrentamos dificultades.
“Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores”. (Salmo 34:4)
QUE NECESITAMOS APROBACIÓN
Sentimos la imperiosa necesidad de ser aprobados por otros.
“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”. (Gálatas 1:10)
HAMBRE ESPIRITUAL
Tratamos de vivir del alimento espiritual pasado, pero en el presente nos debilitamos por la falta de intimidad espiritual fresca con Dios.
“Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él. Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien”. (Salmo 34:8-10)
QUE TENEMOS UNA IMAGEN PERSONAL DISTORSIONADA
Nos falta el valor que Dios nos da, lo que nos causa un sentimiento de impotencia para resolver los problemas.
“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu”. (Salmo 34:18)
B. La raíz del problema
Sin pensar en las consecuencias, Pedro literalmente dio un paso de fe, salió de la barca y comenzó a dar grandes pasos sobre el agua. Sin embargo, en cuanto quitó su vista de Cristo y la puso en su propia fragilidad, la maravillosa caminata del apóstol se convirtió en una experiencia traumática. Pedro perdió la fe en Jesús y en sus palabras. De la misma manera, cuando perdemos la fe en Dios y su palabra, caemos en la trampa y nos ahogamos en el mar de la preocupación. (Lea Mateo 14:25-33.)
CREENCIA FALSA: “Creo que Dios me cuida, pero no creo que se preocupe de los detalles cotidianos de mi vida. No puedo evitar preocuparme”.
CREENCIA CORRECTA: “Dios ha prometido proveer todas mis necesidades a través de Cristo. No tengo que preocuparme de cómo él cumplirá esa promesa. Yo confió en que él lo hará”.
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:19)